Si alguna vez te sentiste «culpable» por servirte una segunda porción de queso o por terminar el día con un cuadrito de chocolate, tenemos noticias que te van a encantar. Un nuevo estudio científico acaba de poner a estos tres placeres (queso, chocolate y yogur) del lado bueno de la historia.
En Quesos y Besos siempre hemos creído que comer con gusto y comer bien pueden ir perfectamente de la mano. Y ahora, un trabajo de investigación de gran envergadura parece darnos la razón.
Un estudio que reúne a más de 3 millones de personas
Una investigación internacional de gran escala señaló que el consumo de chocolate, queso y productos lácteos fermentados como el yogur se asocia con un menor riesgo de mortalidad.
No se trata de un experimento pequeño ni de una encuesta hecha a la ligera:
El estudio se publicó en la revista Frontiers in Nutrition y analizó datos de más de 3 millones de personas, revisando además información de 50 estudios científicos distintos, con el propósito de entender cómo se relacionan los alimentos fermentados con el riesgo de morir por distintas causas, entre ellas enfermedades del corazón y cáncer.
Es, básicamente, un metaanálisis: un estudio que junta muchos otros estudios para buscar patrones que uno solo, por separado, no podría mostrar con la misma fuerza.
¿Qué encontraron exactamente?
Los resultados son bastante alentadores para quienes disfrutamos de una tabla de quesos, un yogur natural en el desayuno o un buen chocolate de vez en cuando.
Lácteos fermentados y yogur
Los productos lácteos fermentados, con el yogur a la cabeza, fueron de los que mostraron mejores resultados. Una mayor ingesta de estos alimentos se vinculó con una reducción cercana al 6% en el riesgo de muerte por cualquier causa, y quienes los consumían de forma diaria mostraron además una menor mortalidad relacionada con enfermedades cardiovasculares y con el cáncer.
Los científicos creen que esto tiene que ver con cómo estos alimentos ayudan a equilibrar la microbiota intestinal, sus propiedades antiinflamatorias y su efecto positivo sobre la salud metabólica. En el caso puntual del yogur, la asociación con menor mortalidad general fue clara, aunque no se encontraron resultados igual de contundentes frente a enfermedades cardiovasculares o cáncer específicamente.
Queso
Nuestro gran protagonista también tuvo su momento: el queso mostró una reducción moderada en la mortalidad por todas las causas. Si bien no se identificó una relación clara con la mortalidad cardiovascular o el cáncer en general, apareció un dato curioso y esperanzador: surgió una posible asociación protectora frente al cáncer de pulmón. Todavía es pronto para sacar conclusiones definitivas sobre ese punto, pero es un hallazgo que sin duda invita a seguir investigando.
Chocolate
El chocolate, que nace de la fermentación del cacao, también tuvo un lugar destacado. Su consumo se vinculó con menor mortalidad general y cardiovascular, un efecto que podría explicarse por los polifenoles del cacao, compuestos que favorecen la función vascular y reducen el estrés oxidativo. Una razón más para no sentirse mal la próxima vez que se te antoje un trocito.
No todo lo fermentado corrió con la misma suerte
Vale la pena aclarar que no todos los alimentos fermentados salieron bien parados en este análisis. Productos como el miso y el pan de fermentación natural no mostraron una relación clara con la reducción de la mortalidad, lo que sugiere que el beneficio no viene simplemente de «fermentar» un alimento, sino de una combinación de factores propios de cada producto: su composición, sus bacterias, sus nutrientes y hasta la forma en que se consume.
Una pausa necesaria: asociación no es lo mismo que causa
Aquí viene la parte importante, la que como amantes del buen comer no debemos pasar por alto: los autores del estudio advirtieron que los datos son observacionales, lo que significa que muestran asociaciones, pero no prueban una relación de causa y efecto. Es decir, el estudio no dice «coma queso y vivirá más años» de forma garantizada; dice que, en las poblaciones analizadas, las personas que consumían estos alimentos tendieron a vivir más, sin que se pueda afirmar con certeza que el alimento fue la causa directa.
Además, se detectaron variaciones entre los distintos estudios analizados, que podrían explicarse por diferencias en los hábitos alimentarios, las características de las poblaciones estudiadas y la forma en que se procesan los alimentos en cada región del mundo. Por eso, los científicos coinciden en que se necesitan ensayos clínicos más rigurosos para determinar si estos alimentos influyen de manera directa en la longevidad.
La conclusión que nos gusta contar
Más allá de los tecnicismos científicos, hay algo que este estudio confirma y que en Quesos y Besos celebramos: el queso, el yogur y el chocolate no son «el enemigo». Son alimentos con una historia milenaria, elaborados a través de procesos de fermentación que la humanidad ha perfeccionado durante siglos, y que parecen tener mucho más que ofrecer que solo sabor.
Así que la próxima vez que armes una tabla de quesos, sirvas un yogur natural o disfrutes de un buen chocolate, hazlo con la conciencia tranquila. La ciencia, poco a poco, nos está dando más razones para seguir disfrutando de lo que más nos gusta: comer bien, comer rico, y compartirlo con quienes queremos.