La primera edición del Talento del Queso, dentro del marco del International Cheese Festival 2021, premia el proyecto empresarial de la firma de Guarromán.

Dice una antigua sentencia que pan, uvas y queso, saben a beso. Que se lo digan, si no, a la firma guarromanense que capitanean Silvia Peláez y Francisco Romero, que hacen cierto el refrán desde el mismo nombre de su empresa, cien por cien mar de olivos.

Ahí están, la mar de encantados con el nuevo premio que acaban de traerse para sus vitrinas desde tierras ovetenses, a cuenta del Internacional Cheese Festival 2021, o lo que es lo mismo, “el Mundial del queso”, asegura Peláez:

“Estamos muy contentos; se celebra cada año en un país distinto, el año pasado tocaba en Oviedo y no se pudo celebrar, por el Covid. Este año, por aquello de que hay más meses para organizar cosas, se celebrará en noviembre y se están haciendo más propuestas”, explica.

Una de ellas, el Talento del queso, una cita que, en palabras de la ganadora, reconoce el mejor proyecto empresarial en torno a este producto y que le ha valido a Quesos y besos un segundo premio que sabe a gloria.

“En España quedamos diez finalistas, teníamos que exponer nuestro proyecto en Oviedo en ocho minutos y al final nos han premiado”, celebra el 50 por ciento de la empresa. Un aplauso unánime que les valdrá, además, estar presentes en el Mundial quesero con estand propio el próximo noviembre, todo un logro “por la cantidad de empresas que se quedan fuera”, apostilla la empresaria.

No paran de recibir galardones desde el nacimiento de la firma, allá por 2016; no en vano, a solo cinco meses de su fundación fueron reconocidos como artífices del “mejor queso de España”: “Eso nos valió mucho, teníamos miedo, pensamos que a lo mejor habíamos ganado fruto de la casualidad, que no podríamos mantenernos a ese nivel, pero en 2019 volvimos a quedar como mejor queso y entonces pensamos que posiblemente estábamos haciendo las cosas bien”. La humildad como etiqueta, vamos.

Una trayectoria de vértigo

La historia de Quesos y besos sorprende ya desde su propia denominación empresarial por su sencillez: “Cuando empezamos, teníamos dos niños (uno de tres años y el otro, con mesecitos); todas las visitas a ferias, el proceso de formación…, lo hacíamos con ellos. Uno de nosotros entraba al curso y el otro se quedaba con los niños”, aclara. Un ambiente entrañable, de lo más familiar, que campea en la marca como la leyenda de un entrañable escudo heráldico.

Hijos de agricultores y ganaderos de la Sierra Sur, Peláez y Romero tomaron caminos profesionales propios lejos de su patria chica, recalaron en Zaragoza (donde estuvieron a punto de instalarse definitivamente) pero, en 2016, llenos de proyectos y de ganas de volver a la tierra natal, hicieron las maletas, se formaron y crearon su propia empresa.

Un negocio familiar que poco a poco crece, que cuenta ya con otros cinco trabajadores y que practica esa suerte de “economía circular” que suma valor al proyecto:

“De la parte de la agricultura se encarga mi hermano, en el campo de mi padre (olivar, trigo, pastos…); y por la parte de Paco, su hermana se ha quedado con la ganadería. Todo esto, al final, está aliado con la quesería”. Lo dicho, economía circular.

Desde Guarromán al mundo, y por si fuera poco con quesos que presumen de terruño hasta en sus distintas variedades: queso colono, queso Olavidia, queso Fuero… Parafraseando al poeta: “Juan, si con queso me la das… de Guarromán y na más”.

Artículo escrito por Javier Cano (@JavierC91311858) para La Contra de Jaén. | Fuente: La Contra de Jaén.

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